Corre...

Cuando encuentres un claro en la selva, sólo corre y corre
porque las casas y edificios, y torres y puentes, sólo buscan ahogarte
sabemos que ya es hora, y nada de lo que digan puede ya cambiarte
porque ahora sos frío como ellos. Son más fríos que sus ojos y sus manos.
Y también sos más rápido, más veloz que sus mentiras y embustes.
Sólo buscan ahogarte, nuevamente, con todo lo que tienen,
con todo lo que les falta. Su único plan es estrujarte.
Ahora corre, corre y corre, ya nada más motiva tu vida.

La manteca del techo al tablero

El Gran Rey gruñe por un trago, a lo que el relamido lacayo responde susurrando a la san puta.
Los chacales ya coordinados en la mesa como la jauría que aparentan.
Listo cada uno de ellos juntando la baba con su puño, mirando con desmesura la fiesta desparramada sobre la madera. Casi no pueden con ellos mismos.
Un comensal se avalanza con un gesto sórdido. Un acto lascivo en su éxtasis.
Los demás esperan su reacción, con las mismas ansias con las que rien las hienas a punto de morder...

ya nada, ya todo

Es que ahora las palabras nadan en mi pileta tapada, están, pero no salen a flote.

Ya estoy cansado ésta noche... con mucho en qué pensar.

Como muchos, el camino más fácil a la corta.
Esta noche no me deja. Sabe que tengo algo. Sé que sabe.

y ahí las palabras, ahí en el agua...

Sin ganas de abrir la ventana, pero con ganas de revolver toda la casa.
Con motivos, tal vez... pero sin ganas.

y la pileta sigue tapada...

Puedo alejarme, y mostrarte acciones bastardas
puedo acercarme y ser bastante cruel
podría hasta quedarme acá, en mi sitio. Y vos en el tuyo.

¿Acaso no fue éso lo que nos llevó hasta acá?

a flote, en la pileta...

planeamos fugaces, actuamos rapaces... con el diablo entre las sábanas.

Y sólo quiero todo, nada de nada, ya todo.
Sólo queremos todo.

En éso somos cómplices...

pileta...

De hojas...

Un rezo de tarde noche, y salen a matar. Se relamen con preámbulos,
saben que ganan con pavadas, y y miel agriada, la más barata y rendidora.

¡Los destellos!

Así la esperan todos, de tal modo la conservan.
Los tímpanos bailan desempolvados, y el sudor los los mantiene tibios,
desencarnados. Ya no hay pendejo pro, vienen curtidos y desbocados,
a manzalba, con prejuicios, pero sin mira especial. Sólo alguno pocos.
El sacramento está en marcha, como kamikazes en pleno campo,
vuelan excomulgados por todo el salón.
Una fría cae sapiente de la hazaña. (No se queda atrás, jamás)
La pendeja bajó la guardia y ahora es carnada viva; ríe y bromea para sí misma.

¡Hubieras visto los destellos!


Empernados en una danza sin ritmo, sin miramientos.
Las bocanadas de humo denso no enturbian la función, están demasiado
embebidos de epinefrina. Demasiado atentos. Un juego volátil.
La saliva se escurre entre los dientes, las manos entre las ropas,
la voracidad crece con fruición.

Un último acto, casi irreprochable. Sólo un gesto inane, fútil.
Un labio rojo como su córnea explica todo, hasta entorpecer la imaginación.

Pero, las fieras no se sosiegan para siempre... ¡Siempre buscan más destellos!